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Obras Más Importantes de Julio Cortázar

Adiós Robinson y otras piezas claves

Ruido de avión que desciende. ROBINSON.—(Excitado) ¡Mira, mira, Viernes! ¡La isla! VIERNES.—Sí, amo. A la palabra «amo» sigue una risita instantánea y como para sí mismo, apenas una indicación de risa contenida. ROBINSON.—¿Ves la ensenada? ¡Mira, allá, allá! ¡La reconozco! ¡Allí desembarcaron los caníbales, allí te salvé la vida! ¡Mira, Viernes! VIERNES.—Sí, amo [risita), se ve muy bien la costa donde casi me comen esos caníbales malos, y eso solamente porque un poco antes mi tribu había querido comérselos a ellos, pero así es la vida, como dice el tango. ROBINSON.—¡Mi isla, Viernes, vuelvo a ver mi isla! ¡Reconozco todo a pesar de los cambios, todo! Porque como cambios, los hay. VIERNES.—Oh sí, como cambiar ha cambiado, amo {risita). Yo también reconozco la isla donde me enseñaste a ser un buen esclavo. Allí se ve el lugar donde estaba tu cabana. ROBINSON.—Dios mío, hay un rascacielos de veinticuatro..., ¡no, espera, de treinta y dos pisos! ¡Qué maravilla, Viernes! VIERNES.—Sí, amo {risita). ROBINSON.—Dime un poco, ¿por qué cada vez que te diriges a mí te ríes? Antes no lo hacías, sin contar que yo no te lo hubiera permitido, pero de un tiempo a esta parte... ¿Se puede saber qué tiene de gracioso que yo sea tu amo, el hombre que te salvó de un destino horroroso y te enseñó a vivir como un ser civilizado? VIERNES.—La verdad, no tiene nada de gracioso, amo {risita). Yo tampoco comprendo muy bien, es algo completamente involuntario, créeme. He consultado a dos psicoanalistas, uno freudiano y el otro junguiano, para doblar las chances como hacemos en el hipódromo, y para mayor seguridad me hice examinar por una eminencia de la contra-psiquiatría. Dicho sea de paso, éste fue el único que aceptó sin dudar que yo fuera Viernes, el de tu libro. ROBINSON.—¿Y cuál fue el diagnóstico? VIERNES.—Todavía está en procesamiento electrónico en Dallas, pero según me informó Jacques Lacan el otro día, se puede sospechar desde ya que se trata de un tic nervioso. * Cuadernos Hispanoamericanos agradece a Ricardo Bada, de la Deutsche Welle, el habernos facilitado el presente original inédito, y a la agencia ALIA la buena voluntad puesta para autorizar su publicación. Se trata del único texto radiofónico escrito por Julio Cortázar. 5 ROBINSON.—Ah, bueno, si no es más que eso, ya pasará, Viernes, ya pasará. Mira, vamos a aterrizar. ¡Qué magnífico aeropuerto han construido! ¿Ves las carreteras, ahí y ahí? Hay ciudades por todas partes, se diría que esos son pozos de petróleo... Ya no queda nada de los bosques y las praderas que tanto recorrí en mi soledad, y más tarde contigo... Mira esos rascacielos, ese puerto lleno de yates... ¡Quién podría ya hablar de soledad en la isla de Juan Fernández! ¡Ah, Viernes, ya lo dijo Sófocles, creo, el hombre es un ser maravilloso! VIERNES.—Sí, amo {risita). ROBINSON.—(Para sí mismo.) La verdad es que me joroba un poco con su risita. VIERNES.—Lo que no entiendo, amo, es por qué has querido volver a visitar tu isla. Cuando se lee tu libro con verdadero espíritu crítico, el balance de tu estancia en la isla es bastante nefasto. La prueba es que cuando te rescataron, casi te vuelves loco de alegría, y si al ver alejarse las costas de Juan Fernández no les hiciste un corte de mangas, fue tan sólo porque eres un caballero británico. ROBINSON.—Ah, Viernes, hay cosas que los indios como tú no pueden comprender a pesar de lo mucho que los ayudamos a diplomarse en las mejores universidades. La noción del progreso te está vedada, mi pobre Viernes, y hasta diría que el espectáculo que ofrece nuestra isla desde el aire te decepciona o te inquieta; algo de eso leo en tus ojos. VIERNES.—No, amo (esta ve% sin la risita). Yo sabía muy bien lo que íbamos a encontrar. ¿Para qué tenemos la TV y el cine y el National Geographic Magazine? No sé realmente por qué estoy inquieto y hasta triste; tal vez en el fondo sea por ti, perdóname. ROBINSON.—(Riendo.) ¿Por mí? ¡Pero si tienes ante tus ojos al ser más feliz del universo! ¡Mírame bien, y mira el espectáculo que despliega sus alfombras ahí abajo! VIERNES.—Hm. ROBINSON.—¿De qué podría yo quejarme si en este momento asisto no solamente a la realización de mis sueños de progreso y de civilización, sino a los de toda la raza blanca, en todo caso la británica para estar más seguros? VIERNES.—Sí, amo (risita), pero todavía no has visto la isla de cerca. Tu alegría podría ser prematura, es algo que yo siento con la nariz, si me perdonas. ROBINSON.—¡Con la nariz! Oh, Viernes, después de la educación que te hemos dado... VIERNES.—Desde luego impecable, amo (risita). Lo que no entiendo es que el avión no cesa de dar vueltas sobre la isla. ROBINSON.—Pienso que el piloto me rinde un conmovedor homenaje, Viernes, dándome la oportunidad de ver en detalle mi querida isla convertida en un paraíso moderno. ¡ Ah, ahora sí aterrizamos! Prepara nuestro equipaje de mano. Cuando retires las valijas, cuéntalas bien, cinco mías y tu bolsa de arpillera. Ruido de avión que aterriza, descenso de los pasajeros, marcha por largos pasillos, etc. ALTAVOZ.—Los pasajeros con destinación a Buenos Aires, Quito, Santiago y Panamá, sigan el corredor marcado con flechas verdes. Los pasajeros con destinación a Houston y San Francisco, sigan el corredor marcado con flechas azules. Los 6 pasajeros que permanecen en Juan Fernández, sigan el corredor marcado con flechas amarillas y esperen en el salón del fondo. Gracias. ROBINSON.—¿Ves, Viernes? ¡Qué organización! Antes había toda clase de confusiones en los aeropuertos, y yo me acuerdo muy bien de que... ALTAVOZ.—Atención, pasajeros con destinación a Buenos Aires. Al final del corredor marcado con flechas verdes, deberán dividirse en dos grupos, las damas a la izquierda y los caballeros a la derecha; los menores de edad permanecerán con su padre o su madre según prefieran. Las damas entrarán en la sala marcada con D, y los caballeros en la marcada C. Atención, pasajeros con destinación a Quito. Cuando hayan llegado al final del... ROBINSON.—Es extraordinario, realmente. ¿Te das cuenta, Viernes de que aquí se ha eliminado toda posibilidad de error? VIERNES.—Me basta con que tú lo digas, amo {risita). ROBINSON.—Esa cuestión de tu tic nervioso... En fin, ahí está el salón que nos anunciaron; supongo que las autoridades me estarán esperando para darme la bienvenida. ALTAVOZ.—Los pasajeros que permanecen en Juan Fernández pasarán las formalidades de policía y aduanas en las ventanillas uno a diez, con arreglo a la inicial de sus apellidos. Se ruega al señor Robinson Crusoe dirigirse a la puerta marcada «Oficial». ROBINSON.—¡Ah, perfecto, perfecto! Ahora verás, Viernes, que... FUNCIONARÍA.—¿Señor Crusoe? Mucho gusto. Pase por aquí. ROBINSON.—Viajo con mi... FUNCIONARÍA.—Su secretario irá a la ventanilla V. Pase, por favor.. ROBINSON.—Pero es que nosotros... VIERNES.—No te preocupes, amo {risita), ya nos encontraremos en alguna parte, yo me ocupo de las maletas. FUNCIONARÍA.—Señor Crusoe, lo he hecho llamar aparte porque el gobierno de Juan Fernández quisiera evitarle toda dificultad durante su estancia en la isla. ROBINSON.—¿Dificultad? Yo esperaba que... FUNCIONARÍA.—Sabíamos de su llegada, y haremos lo posible para que su visita sea agradable. Como usted sabe, nuestras relaciones con su país no están precisamente cortadas pero sí en una situación crítica, de modo que mi gobierno se excusa de no recibirlo públicamente. Trataremos de facilitarle todo lo que usted desee, en la medida de nuestras posibilidades, pero preferiríamos que usted se mantenga lo más alejado posible... ROBINSON.—¿ Ale j ado? FUNCIONARÍA.—... de contactos inútiles con el exterior, quiero decir con el público en general, la gente de la calle y de los cafés. ROBINSON.—Pero yo... FUNCIONARÍA.—De aquí lo llevarán directamente al hotel, y el gerente tiene instrucciones para darle una habitación lo más aislada posible, incluso con un ascensor especial; usted sabe, el gobierno tiene siempre preparados ciertos ambientes especiales para los huéspedes distinguidos, a fin de sustraerlos a los contactos innecesarios.

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Biografía de Julio Cortázar

Julio Florencio Cortázar (Bruselas, Bélgica, 26 de agosto de 1914-París, Francia, 12 de febrero de 1984) fue un escritor, traductor e intelectual nacionalizado argentino y francés nacido en Bélgica. Optó por la nacionalidad francesa en 1981, en protesta contra el gobierno militar argentino. Se le considera uno de los autores más innovadores y originales de su tiempo, maestro del relato corto, la prosa poética y la narración breve en general, y creador de importantes novelas que inauguraron una nueva forma de hacer literatura en el mundo hispano, rompiendo los moldes clásicos mediante narraciones que escapan de la linealidad temporal. Debido a que los contenidos de su obra transitan en la frontera entre lo real y lo fantástico, suele ser puesto en relación con el realismo mágico e incluso con el surrealismo. Vivió casi toda su vida en Argentina y buena parte en Europa. Residió en Italia, España, Suiza y París, ciudad donde se estableció en 1951 y en la que ambientó algunas de sus obras. Además de su obra como escritor, fue también un reconocido traductor, oficio que desempeñó, entre otros, para la Unesco.
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