Julio Cortázar
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Obras Más Importantes de Julio Cortázar
Territorios
En un rincón del cuadrilátero Cortázar
se defiende, defiende su libro
ante supuestos visitantes que lo atacan,
no le dan nada (más bien se beben
todo y se llevan sus cosas, un libro, una
camisa) y le exigen que no haga un
libro de "rejuntar verduritas que escribió
para festejar a us amigos de la
plástica ".
Cortázar dice que hacer un libro de
gratitudes de este mundo de sangre y
vergüenza fe gustó, y que además le
divirtió "cosa que a ustedes les cuesta
más que trabajar", agrega asestándoles
una patada de mil dólares.
Ya liberado por la explicación,
pasa a describir lo que podríamos
llamar los territorios del afecta de
Cortázar.
Las hormigos descubren los cuadros
de Alechinsky y su vida cambia:
conocen el placer de pasear por las
obras de los hombres y hasta la necesidad
de trabajar menos y disfrutar más
del arte.
Al comienzo det Homenaj e a una
joven bruja , recuerda, muy a propósito,
la triste historia de los erizos de mar
que mueren aplastados en la carretera
"porque al ver acercarse los faros del
auto en plena noche ceden a la funesta
idea de que ovillarse y sacar los
pinchos bastó para defenderlos de la
luz rugiente, de ía cosa inexplicable"
dice desesperado ef biólogo que los
ama, y Cortázar se duele de ver
efectivamente tanta inocencia asesinada
en el asfalto.
Pero en el texto comprobamos, que
como tantas veces en Cortázar, todo el
encanto está en el idioma: con sus
paréntesis culturales, dentro de paréntesis
nostálgicos, dentro de paréntesis
arquitectónicos y así sucesivamente;
lleno de rayos, como los soles de los
chicos, que emiten señales extro al
lector de calor, familiaridad y brillo, y
hacen que sienta de pronto alegre que
el lenguaje es una fiesta.
Y luego avisa que no le gusta
describir y que prefiere la palabra
como cosa actuante y viva, y se las
arregla para hacernos saber que Rita
Renoir (la bruja) pasó de simple encuerotriz
aí mlmodrama que agrede francoírtente
a! público. Encapuchada c
desnuda o endemoniada adivinarnos
que Rita Renoir habla como una bruja,
como una poseída de la Edad Media;
va de to erótico a lo obsceno, pasa el
límite y recobra la primera mirada. De
tanta vejación expuesta, de tanta tristeza
va a nacer un hombre más decentí-
to, más liberado. Pero de la mujer
ofrecida al sacrificio, de la endemoniada
a la Magdalena hay más que mif
pasos, no es suficiente; parece pura
bondad de Cortázar usar la palabra
martirio, que por otro lado sería tan
agradable abolir para siempre.
En Paseo entr e las jaulas habla
de los animales dibujados por Abys
Zótl. Pero primero cuenta un sueño de
elefantes que tuvo él mismo, no de
elefantes serenos sino peligrosos que
quieren aplastarlo y de ios que sólo
podrá salvarse haciendo trampa: despertándose.
Y cuenta su sueño porque
como pasa tantas veces (el enfermo
sób ve hospitales y ensayos sobre
medicina en los periódicos, la embarazada
nunca ha visto tantas mujeres
embarazadas en su vida, el escritor se
ve acosado por su propio tema desde
todos los rincones) Cortázar se hallaba
interesadísimo en los animales cuando
conoció a ZÓtl y su libro.
Por ejemplo ese gallo de su primerísima
infancia que lo despierta para
conferirle eso desoladora sensación
que ya puede tener un niño por peque-
ño que sea "el sentimiento de abandono,
de oigo que hoy puedo llamar
mortalidad '. Sí, la del niño que se
descubre independiente, único, libre y
aterradoramente solo. Descubrimiento
de! que no se consoiará jamás.
"La naturaleza es monótona a
pesar de su variedad" y en efecto, una
vez hecha una jirafa o un topo, tenemos
para eras geológicas de la misma
jirafa y el mismo topo. Por eso le
gustan los animales de Zótl: un mono
con manos francamente humanas es ya
algo más.
Los movimientos espontáneos hacen
toda la gracia de! ballet, (en
cuanto aparece el esfuerzo se acabo el
espectáculo) y de los anímales Cortá-
zar ve uno pareja de monos comiendo
plátanos, cuando el macho tema la
última en la mar;o "previ lo quí. denunciaría
cualquiera de ios adhen;ntes al
Women's Lib" y no, el mona se come la
mitad y le pasa ¡a otccj a su compañera
(comentario prosaico de un amigo: es
~\ue sabía matemáticas).
Los animales dibujados o reales del
cine poco le dicen a Cortázar, salvo
King Kong: en la escena en que le
arranca el vestido a la chillona Foy
Wray y se lo come, considera que ha
realizado el mayor homenaje posible y
la suma del erotismo. Un gran incomprendido
King Kong.
Para el territorio de Antonio Saura
el español del cine, compone varios
textos y una razonable "mínima Meditación
ante uno de estos retratos imaginarios"
(que van de Felipe II al cocodrilo).
Cuenta que pasaron en vivo en la
televisión una operación terrorista en el
oeropuerto de Le Bourget: todo el
realismo, buena foto, buen sonido.
Medita: "en realidad no vimos nada",
esa sucesión de imágenes
fuero de
contexto no son !a historia. Afortunadamente
o al revés, el hombre y su
historia están más adentro, más lejos,
en todas partes, en cualquier momento,
pero no en la simple imagen de la
realidad. Tiene razón, no vieron nada.
Y tantas y tantas observaciones
justas o poéticas, exactas o sugerentes
Como ante las fotografías de Barzilay,
cuando dice de su propio "lenguaje,
con el que acaso quería ayudarme, no
hace más que multiplicar un misterio
incesante", que casi podría decirse de
toda la crítica de arte ¿explicar, interpretar,
traducir, descubrir a Picasso?
¿o construirle como Malraux otra obra
de arte de palabras encimo, que podrá
corresponder o no según el lector? y
según, otra vez, el gusto o el ánimo del
lectai en el momento en que lo lea y
que no serán tampoco ni el de Malrraux,
ni el de Picasso; con lo que la
crítica de Ventun, por ejemplo, comentada
por algún otro y citado por un
tercero, compondrían on juego de mu-
ñecas njsas todas diferentes entre sí, y
vagamente relacionados ya no sabemos
si con las artes plásticas, la literatura
o como todo el libro de Cortázar,
con la simple necesidad de comunicación.
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