Julio Cortázar
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- El perseguidor y otros cuentos.
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Obras Más Importantes de Julio Cortázar
Papeles inesperados
Un misterio como el de la carta robada
La trayectoria de Julio Cortázar como escritor y su proyección
como personaje público ilustran muchos aspectos de la
consolidación de un mercado literario “global” en el siglo XX.
Con pocos y muy fieles lectores hasta la aparición de Rayuela en
1963, el inicio del enorme éxito de la novela coincidió con la
invitación oficial que le cursó el gobierno cubano para que participara
en el jurado del Premio Casa de las Américas engrosando
las filas de intelectuales de renombre conversos al socialismo.
Si Cuba fue —como dijo— su camino de Damasco, basta
sumar al compromiso divulgador de raíz política la aparición de
un público ávido de la obra para entender cómo aquel escritor
casi secreto empieza a prodigarse y entra (en opinión de algunos,
ése fue su drama) en el “campo literario”. En ambas etapas
es igualmente difícil seguir la pista de sus publicaciones: si bien
para documentar los años del exilio provincial y la práctica reclusión
entre amigos en Buenos Aires y París hay que acceder a
revistas de localización recóndita o incierta, en la fase de internacionalización
de su firma, la dispersión geográfica y lingüística
complican todavía más el asunto.
Por suerte, los fondos documentales que conservan los
originales cortazarianos más importantes están localizados.
Hasta el 23 de diciembre de 2006, los de mayor relevancia conocida
eran dos: la serie de escritos vendida por el propio Cortázar
a la Universidad de Texas en Austin en 1982, y el conjunto
de textos, borradores, notas y agendas depositado en la
Universidad de Princeton en el año 2001. Esta segunda colección
contenía, cabía suponer, los papeles del legendario mueble
que, a modo del baúl de Fernando Pessoa, Cortázar dejó a su
muerte: un armario —según contó Mario Muchnik en una entrevista
publicada en la revista Cambio 16 a los pocos meses de la
14
muerte del escritor— de un metro de largo y lleno de cajones,
una especie de mueble de plástico en el que había bastante de
todo: novelas y cuentos inéditos, recibos de la luz, notas como
“Era zurda de una oreja”. De ese mueble salieron los libros editados
póstumamente: Dos juegos de palabras, Divertimento, El
examen, La otra orilla, Teoría del túnel, Diario de Andrés Fava,
Imagen de John Keats, Cuaderno de Zihuatanejo. El lector coleccionista
(y los de Cortázar son legión) sólo tenía que esperar a
que los pocos textos dispersos que continuaban inéditos en volumen
se integraran lacónicamente en los intersticios reservados
a tal efecto en los tomos genéricos de las obras completas, ya
que siendo tan pocos no se justificaba la existencia de un libro
suelto, uno más, para ellos solos. A no ser que…
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