Julio Cortázar
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Obras Más Importantes de Julio Cortázar
La vuelta al día en ochenta mundos
Que estaba en lo cierto lo ha probado el tiempo: en el siglo XX
nada puede curarnos mejor del antropocentrismo autor de todos
nuestros males que asomarse a la física de lo infinitamente grande (o
pequeño). Con cualquier texto de divulgación científica se recobra
vivamente el sentimiento del absurdo, pero esta vez es un
sentimiento al alcance de la mano, nacido de cosas tangibles o
demostrables, casi consolador. Ya no hay que creer porque es
absurdo, sino que es absurdo porque hay que creer.
Mis eruditas lecturas del correo científico de Le Monde (sale los
jueves) tienen además la ventaja de que en vez de sustraerme al
absurdo me incitan a aceptarlo como el modo natural en que se nos
da una realidad inconcebible. Y esto ya no es lo mismo que aceptar
la realidad aunque se la crea absurda, sino sospechar en el absurdo
un desafío que la física ha recogido sin que pueda saberse cómo y en
qué va a terminar su loca carrera por el doble túnel del tele y del
microscopio (¿será realmente doble ese túnel?).
Quiero decir que un claro sentimiento del absurdo nos sitúa mejor
y más lúcidamente que la seguridad de raíz kantiana según la cual
los fenómenos son mediatizaciones de una realidad inalcanzable
pero que de todas maneras les sirve de garantía por un año contra
toda rotura. Los cronopios tienen desde pequeños una noción
sumamente constructiva del absurdo, por lo cual les produce gran
sobresalto ver cómo los famas se quedan tan tranquilos cuando leen
una noticia como la siguiente: La nueva partícula elemental ("N.
Asterisco 3245") posee una vida relativamente más larga que la de
las otras partículas conocidas, aunque sólo alcanza a un milésimo
de millonésimo de millonésimo de millonésimo de segundo.(Le
Monde, jueves 7 de julio de 1966.)
–Che Coca–dice el fama después de leer esta información–,
alcanzame los zapatos de gamuza que esta tarde tengo una reunión
importantísima en la Sociedad de Escritores. Se va a discutir la
cuestión de los juegos florales en Curuzú Cuatiá y ya estoy veinte
minutes atrasado.
A todo esto varios cronopios se han excitado enormemente porque
acaban de enterarse de que a lo major el universo es asimétrico, lo
que va en contra de la más ilustre de todas las ideas recibidas. Un
investigador llamado Paolo Franzini, y su mujer Juliet Lee Franzini
(¿se ha advertido cómo a partir de un Julio que redacta y otro Julio
que diseña se van incorporando a quí dos Jules y ahora una Juliet, a
base de una noticia aparecida un 7 de julio?) saben muchísimo sobre
el mesón eta neutro, que salió del anonimato poco ha y que tiene la
curiosa particularidad de ser su propia anti-partícula. Apenas se lo
descompone, el mesón produce tres pi-mesones de los cuales uno es
neutro, pobrecito, y los otros dos son positivo y negativo
respectivamente para enorme tranquilidad de todo el mundo. Hasta
que (los Franzini de por medio) se descubre que la conducta de los
dos pi-mesones no es simétrica; la armoniosa noción de que la
antimateria es el reflejo exacto de la materia se pincha como un
globito. ¿Qué va a ser de nosotros? Los Franzini no se han asustado
en absoluto; está muy bien que los dos pi-mesones sean hermanos
enemigos, porque eso ayuda a reconocerlos e identificarlos. Hasta la
física tiene sus Talleyrand.
Los cronopios sienten pasar por sus orejas el viento del vértigo
cuando leen al final de la noticia: "Así, gracias a esa asimetría, podrá
llegarse quizá a la identificación de los cuerpos celestes compuestos
de antimateria, siempre que esos cuerpos existan como pretenden
algunos basándose en las irradiaciones que emiten." Y siempre el
jueves, siempre Le Monde, siempre algún Julio a tiro.
En cuanto a los famas, ya lo dijo Laforgue desde una de sus
cabinas espaciales:
La plupart vit et meurt sans soupçonner l'histoire
Du globe, sa misère en l'éternelle gloire,
Sa future agonie au soleil moribond.
Vertiges d'univers, cieux à jamais en fête!
Rien, ils n'auront rien su. Combien même s'en vont
Sans avoir seulement visité leur planète.
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